Opinión

Nicolás, de Palencia al Plan 3000: treinta años sembrando vida

Por Maggy Talavera (*)

Un 16 de enero como hoy, pero hace treinta años, un renunciante obispo de Palencia, España, llegaba con sus pocas pilchas, pero muchísimos sueños, al Plan Tres Mil. Había logrado encontrar el lugar que andaba buscando para plasmar la misión que se propuso al renunciar al privilegiado rango de Obispo de Palencia que ejercía desde julio de 1978, por orden del Papa Pablo VI. Esa misión no era otra que la de encarnar, de verdad y en los hechos, la opción por los pobres que tanto había admirado en Jesús.

Estoy hablando de Monseñor Nicolás Castellanos, al que hoy todos conocen en Santa Cruz y en otras partes de Bolivia por las obras que ha ido realizando principalmente en la Ciudadela “Andrés Ibáñez”, más conocida como Plan Tres Mil, ubicada en Santa Cruz de la Sierra, pero también en otros municipios del departamento cruceño e incluso en algunos más en otros departamentos del país. Las obras llevan ya el sello de la Fundación Hombres Nuevos, creada también por monseñor Nicolás, a la que le ha dado la maravillosa capacidad de ser dirigida por jóvenes talentos bolivianos.

Dicho así, parece todo muy sencillo. Pero hay que ver las peripecias y obstáculos que tuvo que vencer monseñor Nicolás ¡para hacer el bien! Peripecias y obstáculos a los que se suman no pocas actitudes y hasta acciones de más de un personaje que, lejos de abrazar, celebrar y alentar esta misión, veían en monseñor Nicolás una “amenaza”, alguien que incomodaba -y mucho- con su rebeldía, su honestidad al extremo al momento de decir lo que pensaba y actuar en consecuencia. Él lo sintió en carne propia, tanto en España como en Bolivia, país que eligió para su nueva misión luego de haber estado en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, invitado por los agustinos para darles unas charlas.

Se enamoró de lo que vio y quiso realizar aquí su nueva misión. Pero al llegar, nada menos que cuatro obispos lo rechazaron (los de Sucre, Cuevo, Camiri, Tarija y Coro-Coro). Estaba ya por ir a Paraguay, en busca de ese lugar para su misión, cuando alguien le dijo que intentara hablar con el Arzobispo de Santa Cruz, Julio Terrazas. Sin nada que perder, así lo hizo. Y fue mágico. El arzobispo Terrazas no solo lo acoge con alegría, sino que además le dice dónde podía iniciar esa misión tan necesaria: en el Plan Tres Mil. Bendito ese momento, esa luz, porque desde entonces muchas obras han beneficiado al Plan.

Este espacio queda corto para detallar cada una de sus obras, pero en algo ayuda este apretadísimo resumen: cien escuelas Comunidades Hombres Nuevos, Hospital Virgen Milagrosa, cuatro comedores, Ciudad de la Alegría (un lujo de espacio recreativo con piscina, coliseo polifuncional, etc.), Catequesis, Casa de Espiritualidad, Cáritas Pastoral, Comunidades Eclesiales de Base, Casa Familiar, Casa de Jóvenes y, también, Vivero de Microempresas, Hogar Mensajeros de Paz, Camino Nuevo, Proyecto Erradicación de Trabajo Infantil, Hogar para Niños (hijos de zafreros) en Montero y Guabirá, Facultad de Teatro, escuelas deportivas, proyectos Tratamiento de Agua Potable y pabellón para enfermos de tuberculosis y sida en la cárcel de Palmasola, dos Residencias Universitarias, centro de acogida diurna para ancianos, plan de becas universitarias, Centro Cultural “Feliciana Rodríguez”, Orquesta y Coro, entre otros.

Su libro “Memorias. Vida, pensamiento e historia de un obispo del Concilio Vaticano II”, que acaba de lanzar bajo el sello editorial de Rafael Lazcano, recoge toda esta obra con una riqueza de detalles que vale pena descubrir. Yo solo quiero aprovechar este espacio y la fecha para celebrar estos primeros 30 años de monseñor Nicolás sembrando vida y esperanzas en el Plan Tres Mil. Y destacar un par de bellas lecciones, de las muchas que nos ha dado y seguirá dando: vale la pena tener un buen propósito en la vida, pensando en dar; ser tercamente perseverante en ese propósito; estrenar Vida cada mañana; ser militante de la cultura del encuentro; y beber de la experiencia de gratuidad, generosidad y de creer en el otro. ¡Salud, monseñor Nicolás, y larga vida! Una vida que inspira y sirve de ejemplo.

(*) Publicado en El Deber y Los Tiempos, domingo 16 de enero de 2022